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jueves, 4 de octubre de 2007

Abre los ojos


La fuerza de la naturaleza me mantuvo 9 meses sumergida en líquido amniótico, pero el 22 de mayo de 1984 a las 10:55 de la mañana conocí la luz, el dolor, la paranoia y los senos de mi madre: alimento sagrado. El trauma de nacer me mantiene viva, pero aún no logro comprender por qué razón fui arrojada al planeta tierra. La misión de estar en este medio ambiente como parte del ecosistema me sostiene, porque en cualquier momento pueden llegar las respuestas a los porqués que afectan a los filósofos del devenir histórico. Me acompaña mi pluma, un papel, la grabadora de apoyo a la memoria; por si algo se me pasa a la hora de conocer la verdad o comprobar la mentira.


México mi país, líder en surrealismo por las cabezas de cerdo colgantes en los mercados Benito Juárez de todo pueblo o ciudad que se precie de ser mexicano. Ven y visita el negocio de piñatas, artesanías de varios colores y nieves de sabores, ¿quieres una de tequila con pétalos de rosa? (Aquí no cuenta lo hecho en China ¿de acuerdo?) Mercados sobre ruedas contaminan mi calle los jueves por la tarde y un olor a carne quemada entra a mi casa, son los machitos de marranos freídos en manteca, saturadas fritangas de colesterol: bombas para reventar el corazón.


Dicen los que saben que somos víctimas del neoliberalismo, gobernados por la ultraderecha panista de posaderas azules: mandriles de trasero azul cobran impuestos. ¿Pluralidad? Pluralidad disfrazada de colores y amores de primavera.


Me he formado en el norte, precisamente en Saltillo, Coahuila: tierra consumista de cosas gringas. Sus bondades rebasan su pobreza, robamos y del nopal brotan tunas para alimentar a la población que explota, se reproduce y muere sin un lugar digno para reposar los huesos. Trabajaré toda la vida y parte de la muerte para pagar un funeral en servicios a futuro Martínez.


La capacidad de asombro de los pueblos mágicos se consume a fuerza de malls, centros comerciales y casinos. No los dejes en el olvido, que te parece si respiramos una noche el aire perfumado de Real de Catorce, pasaremos por el túnel de Ogarrio, visitaremos el pueblo fantasma y comeremos peyote. Te gritaré te quiero porque me encantan los espectros como tú, lector sin rostro.


Mi casa está perdida a mil leguas de toda tierra habitada, la escondí de la muerte; pero un día la Catrina nos encontró, nos amagó con cadena de decesos. Primero la abuela de 75 años, luego la perra Chihuahua y ahora una gata, la Chinita, de mi mamá que dejó en el abandono a 4 crías. Este último caso, el más reciente, me dejó un hueco. Sí, un hueco dentro del hueco de los ojos. Por aquí, por donde salen las lágrimas. Confirmo que los seres humanos abusamos del razonamiento y la insensibilidad. Guardamos una raza aria en las entrañas, un niño nazi que nos grita: ¡mátalo!, es negro, judío, musulmán, animal, estúpido o mexicano. Hasta ayer éramos una familia feliz de gatos, madre y hermano humanos.


Ésta que lees es una obsesiva, compulsiva, amante de las letras y la música, del arte que atrapa mi atención y se queda en los lienzos, en el ritmo, en la forma, en el fondo de los ojos de algún crítico. Viajo constantemente por los caminos de la música islandesa de Björk sobre equinos de Volta, Vespertine y Médulla...


Estudié la carrera en letras españolas y trabajo en la radio del gobierno de Coahuila. La estación se llama Radio Gente www.coahuila.gob.mx/radio y el programa que conduzco los lunes, miércoles y viernes a las 11 de la mañana es Café del Arte que produce el Icocult. También escribo guiones para noticieros televisivos, pero lo que a mí me apasiona es el teatro. Algún día me liberaré y estaré actuando en algún lugar lejos de aquí.


El teatro: próximo tema.



Regresaré... Olvidé decirte mi nombre. Me llaman, me identifican como Maggie Macías.

1 comentario:

  1. Mi estimada compañerita en los pueriles andares de los quehaceres; esos que por ser necesarios no quiere decir sean queridos, el trabajo…
    Me da mucho gusto leerte aunque es mas grato escucharte, y lo seria a un mas verte, pero no pierdo la esperanza que en alguno de esos viajes relámpago al rancho de los amores, la capital del sarape, podre verte y demás, disfrutar de tu compañía e ir a consumir esos tragos tan esperados, de esos que hacen que uno termine con voz aguardentosa cantando las canciones del buen Bunbury…
    Mil besos y nos vemos pronto hermosa

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