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sábado, 26 de abril de 2008

Semanario

¿Soy mujer líquida? Acuosa, escurridiza, hervida de desilusiones torturo, pero me transformo y soy vital. El líquido sacia, humedece la lengua, hidrata nuestra reseqedad exterior. Moja constante y eternamente al organismo para que siga sus funciones. ¿De qué color me ves fluir? El consuelo será que me respondas en tono periodístico, como lo sabes hacer, ausente de metáfora, idealismo, subjetividad y sin palabras abstractas de imagenes fotofóbicas como éstas que hoy lees. --Por fortuna no escribí en lenguaje clepmárgico paramovido o el que utilizan los habitantes de mi mundo--. ¿Tengo sabor? ¿Huelo a algo? ¿Emito algún sonido? ¿Conozco la sed?

Reincide, búscame en lo oscuro de alguna calle, nada... en mis aguas viscerales. Recuerdo que antes de tirar mi esencia a la tempestad robaste beso aguado... Seré transparente. Tuviste temor de arrojarnos a la nada desde lo alto de la colina y caer en forma de lodo. Nuestra canción se dirigía a ninguna parte, pero no, la pescó la caja de texto que hoy ves, su destino: el maletín del armario de los placeres frustrados... surgiste con tu máscara, eres terrenal. Los regados frutos te alejaron sobre el corcel plateado. Huiste como yo, sin mirar atrás... Polvo serás.

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Armario de los placeres

Receptáculo de recuerdos, concepciones y sospechas.

Ad líbitum