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domingo, 21 de diciembre de 2008

Pretexto

La comunidad periodística se citó, el domingo 21 de diciembre, en la catedral de Saltillo. Levantamos nuestras plegarias para que la reportera de TVAzteca, Mercedes Aguilar, recupere la salud. El avión que la traía a Saltillo desde Ciudad Acuña, luego de una jornada de trabajo, se desplomó. El incendio quemó un poco más del cuarenta por ciento de su cuerpo. Hoy se aferra a la vida en el hospital San Javier de Guadalajara, Jalisco. Ella es una de las tres personas sobrevivientes del avionazo. Dos más, murieron. El dolor físico, provocado por las quemaduras de segundo y tercer grado de una colega, nos destinó a vernos. Otra vez.

Reaparecí en tu fuente, espacio y tiempo. Gente congregada en la iglesia lo presenció. Las figuras religiosas enmarcaron los momentos más sublimes que he vivido contigo. Primero, durante la fase de enamoramiento, San Francisco de Asís; y en el desencanto, Santiago apóstol.


Escuchaste mi tímido saludo y respondiste a regañadientes. Evitaste caer desmayado. Te acosé, quería irradiarte mi existencia. Mi energía se expandió en el templo. Respiré muy cerca de tu oreja, te recité el padre nuestro y te di el saludo de la paz. Fue mi justificación y pretexto para dejar de condenarte. Ya no te odio. Pero tú sigues enojado por lo que te escribí la penúltima vez. (A partir de hoy dejó de ser la última). Compruebo que surtieron efecto las palabras que escribí, por primera vez las sentiste y conseguí no ser tu mejor recuerdo.

Me hubiera gustado ser un artefacto poético para tu memoria. Lo único que deseaba era estar contigo. Te quería. Soñaba con tus ojos y tu boca apretada. Pero ya estabas lejos. Reaccioné tarde. Y yo alguna vez te advertí que no tolero cualquier indicio de mentira o deslealtad. Me tortura imaginar que alguien a quien amo me lo haga. Con seguridad me subestimaste. Dije que cuando una palabra sale de tu boca es para destruir al mundo. Que engañas a tu público al cantar, que lo haces por técnica, pero estás vacío. Te enojas, te molesta mi presencia. ¡Vale! Mi locura es demasiada para ti.

Me encantó tu abrazo intenso y efusivo... volví a respirar.

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Armario de los placeres

Receptáculo de recuerdos, concepciones y sospechas.

Ad líbitum