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miércoles, 26 de enero de 2011

Insomnio inesperado

No fue nuestro el tiempo de las redes sociales ni la tecnología móvil para una comunicación efectiva. Pausé las ganas de dormir para revisar los indicios de nuestra historia escrita en pretérito perfecto, encuentro la memoria y el corazón asqueados de insomnio. Por mí que las aspiradoras de algún dios vengan ahora y se traguen mi dolor, la muerte chiquita; que me curen con sanguijuelas los ojos, que se lleven los planes incumplidos y detengan su giro en mi cabeza, suplico que las tormentas permitan descansar a mi oreja dormida y alivien el rechinido de los dientes cansados de ansiedad. Es como seguir escuchando la música de tus dedos.

Bebí agua del mismo río que tú, estoy intoxicada. Los residuos de tu saliva en el cuello, en la boca, en el sexo, se petrificaron. Me provocan escoriaciones. ¡Mira! ¿Te alegras? Te excita y te molesta ser el personaje de escenas tragicómicas. Pero no comprendes, esto es un canto de paz. Saquea mi cuerpo, límpiame de ti, pavoroso animal. Ya no me hagas el amor en tus sueños, huye adonde no te alcancen mis letras o quédate tranquilo a la espera de la siguiente entrega. Cargo toda tu ropa vieja y tus caras mono cromáticas, las voy tirando poco a poco en otros cuerpos que me necesitan y ocupan tu pequeño espacio en el puente de mis piernas. Ya no quiero fluir en tu sangre a ciegas.

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