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miércoles, 20 de agosto de 2008

Ruido de gatos muertos

Esta mañana sin mí en tu mente
escucho el grito
el alarido de las entrañas
el día extremo, el riesgo
el miedo de perder lo que no es mío.

El ruido.

El extremo querido necesario para sentir
las hormonas prisioneras nos impiden ver con claridad
las noticias debilitan mis ganas de reír.
Esto se acabó.
Lentamente me separo para evitarte el tajante adiós.
¿Por qué tengo que decidir?
Otra vez.

La mirada huyó, mis lentes rotos como labios quebrados, me abandonan
nada queda de mí.
Ahora me dedico a limpar el músculo sobreviviente que late, automática
mente
bloquea a los nervios enjutos --se aferran a los huesos--.
Mi alma --otra vez-- en transcisión en medio de la tierra baldía
de gatos muertos.

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