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lunes, 24 de noviembre de 2008

Obsesión de Radio Cabeza



Para Paulina Jiménez

Ya no es broma, dejó de ser un rumor, es una invitación real. En 115 días, a partir de hoy 20 de noviembre del año 2008, la banda británica de rock alternativo, Radiohead, se presentará en el Foro Sol de la Ciudad de México. Su gira mundial comienza en este país y termina en Japón, siete meses después. Confirmaron dos funciones para México. La banda telonera, para el primer concierto del domingo 15 de marzo, es el cuarteto brit-pop de Bristol, Inglaterra; Portishead. Y para el lunes 16 de marzo serán los islandeses de Sigür Ros. Desde que me enteré de la noticia, mi vida es una cuenta regresiva. En mi discoteca es posible encontrar la discografía de las tres bandas, por eso me truena el corazón, las entrañas rugen y la tensión recorre mis nervios… Ya quiero que sea marzo del 2009.
El 19 de noviembre, a las 11 horas, comenzó la venta de boletos a través del sistema Ticketmaster. No manejo tarjeta de crédito, así que era imposible comprarlos por Internet y confié que en la tienda Liverpool, recién instalada en La mejor capital de México, expenderían los boletos en un módulo. Como ocurre en Monterrey. Ahí empezó la penuria. La mañana del 19 de noviembre esperé a que dieran las once. Justo a esa hora conduzco el programa “Café del Arte” en Radio Gente. Me daban ganas de abandonarlo y justificar mi ausencia. Cada nanosegundo que pasaba, algún seguidor del cantante Thom Yorke estaría comprando un boleto que podría ser el mío. Estuve monitoreando por Internet cómo iba la venta. A las 11: 30 de la mañana aún había boletos. Antes de salir de la estación de radio, hice algunas llamadas de planeación para el programa siguiente. Al subirme al coche con rumbo a la tienda departamental Liverpool, el locutor Gonzalo Oliveros del programa ¡Qué tal, Fernanda! de Imagen Informativa, confirmó: “¡Ya no hay boletos! Para el concierto del 16 de marzo. Se acabaron hace 13 minutos”.
Imaginé a las más de 300 personas que aguantaron el frío y esperaron a que abrieran las ventanillas del Foro Sol. Su espera valió, ya tenían el pase en las manos. Gente de todo el país compró por Internet y los módulos ubicados en las principales ciudades de la República Mexicana agotaron localidades. ¿Cómo era posible? Luego de ese sobresalto, el locutor lanzó una esperanza: “Pero no se preocupen. Los organizadores ya abrieron otra fecha para el día 15 de marzo. Aún tienen tiempo de adquirir sus boletos”. Gracias. Gonzalo Oliveros me regresó el alma al cuerpo. Viajé con la imaginación a ese día. Escuché muy cerca de mi radio cabeza la canción: “You and whose army?” Del disco Amnesiac.
Por ocupar un cajón en el estacionamiento automatizado de Liverpool, debes pagar una cuota que va de los cinco hasta los cincuenta pesos, de lo contrario no puedes salir. Sentí claustrofobia. “¡Elitistas!”, pensé. Busqué en la bodega de “las buenas” marcas el área de cajeras. Ahí me encontraría con el módulo de Ticketmaster. Giré sobre mi propio eje y no encontré nada, pregunté a una de las encargadas del área de bebés:
-- Disculpe, ¿dónde están las cajas registradoras? Quiero comprar un boleto para el concierto de Radiohead.
-- ¿De quién?
-- Radiohead, los que cantan Creep. (Mutis) Equis. Mejor, dígame, para dónde camino.
-- Pasas las bocinas que ves al fondo, sigues a la izquierda y ahí están las cajeras.
Seguí las instrucciones. Llegué con mi sonrisa polaroid, la quietud me mantenía en pie, estaba a punto de concretar un viaje. Me sudaban las manos y las entradas de la frente. Me comí las pocas uñas.
--¿Aquí venden boletos para el concierto de Radiohead?
-- Lo siento, señorita, se lo vamos a deber. No tenemos sistema por el momento.
Me despedí. Mi plácida sonrisa se convirtió en sarcástica. La empleada recibió mi desdén. No pude ocultar mi decepción. En mis adentros, grité: “¡Cómo que no tienen sistema! ¿En qué pueblo vivo? Maldita ciudad”. Salí de ahí furiosa. Dejé el rastro de mi mala vibra. El humor de la bilis negra apestó la tienda.
Era la primera vez que pisaba el Liverpool de Saltillo y no sabía cómo salir del laberinto, no hay rutas de evacuación. Otra vez la claustrofobia se apoderó de mi paciencia.
No había opción para comprar los boletos en Saltillo. Las tiendas Liverpool, Mix Up y Fábricas de Francia, están en Monterrey. Inferí que aún vivo en un rancho… Comprobé que es un ranchote, grande y procaz. Qué angustia y coraje.
Por si fuera poco, tuve que afrontar otro problema. No podía irme a Monterrey en ese momento porque tenía una reunión con la actriz Marissa Vallejo. Justo ese día nos citamos en el café El Sorbito del Icocult con el fin de planear nuestra presentación en el ciclo de entrevistas “Bajo las luces” que patrocina el Instituto Municipal de Cultura. Marissa Vallejo me eligió para rescatar su memoria como actriz a través de la charla. Qué buena onda pero, en serio, no tenía claridad mental para el asunto. Puse un remedio sencillo, en apariencia, que me costó esfuerzo: respiré profundo y dejé que el tiempo pasara lo más rápido posible. Le planteé la idea de un montaje clown-entrevista y quedó resuelto.
Después de nuestra charla concreta, corrí al estacionamiento, pagué la ficha de salida y a 30 km por hora me fugué de ahí. Disparada llegué a mi casa cerca del centro. En la cochera dejé el carro. Temí sacarlo a la carretera. Excedo los límites de velocidad cuando estoy desesperada. Opté por la Central de Autobuses. Esperé diez minutos y llegó el camión. Puntual huí de Saltillo. Pero ¡qué lentitud de viaje! En dos horas llegué a la central de Monterrey. En el trayecto recibí mensajes a mi celular de parte de mis primos de Torreón. Presumían sus entradas. Unos amigos de Monterrey ya habían conseguido boletos en Mix Up a primera hora. ¿Y yo? Apenas iba a bordo de un camión pollero. Intenté leer un libro de cuentos de Lázaro Covadlo: Animalitos de Dios, pero no pude concentrarme. el señor que iba a un lado de mí no dejó de roncar. Qué impotencia. Y tampoco podía dormir por los ronquidos que se prolongaron y cada vez eran más estruendosos. En un momento creí que se iba a ahogar. El paisaje desértico me hipnotizó y a lo lejos percibí espejismos.
Cuando llegamos corrí a la estación del metro Cuauhtémoc. Línea dos subterráneo. Próxima estación Alameda. Próxima estación Padre Mier. Próxima estación esperanza. Ahí me bajé. Salí corriendo. Me dirigí a la Plaza Morelos del barrio antiguo de Monterrey. La tienda de discos Mix up me vendió un boleto directo a la felicidad. En la sección NA del pasillo 15B de la fila 9 en el asiento 22. Entrada por el acceso 3. No es el mejor lugar, pero era el disponible para el primer concierto.
Tres tarros de cerveza me relajaron. Un autobús con destino a Tijuana me dejó en Saltillo. Busqué en mi iPod la canción You and whose army? Me aislé de todos los viajeros que pasarían 36 horas hasta llegar a la frontera. Entre sueños escuché:

Come on, come on
You think you drive me crazy
Come on, come on
You and whose army?

6 comentarios:

  1. Hola!!

    Que desesperación todo lo que pasaste por vivir en la ciudad de la gente. Un saludo ;)

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  2. oooooraleee!!! que locooo!!! jaja k bien maggie!!! muy bien!!! felicidades!!!!!!!!!

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  3. ¿Pero manejas tarjeta de débito? Se podía con tarjeta de débito.

    Hay que armar un tour para todos los que nos tocó ir el 15.

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  4. Por cierto, este es el diálogo que me imagino para la primera de las dos fotos que pusiste:

    Thom: No mames, nos trajeron a un edificio abandonado para tomarnos fotos, hablando de lugares comunes ¡hahahahaha!
    Jonny: ¡Chido!

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  5. el camino recorrido para llegar a tan fregon resultado valio la pena!!! Tortuoso, pero productivo...
    NO PAIN, NO GAIN!!

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  6. Magy:
    Hasta hoy me entero de tu loca carrera.
    Me hubieras dicho y nos hubiéramos ido juntas en mi coche!
    Valió la pena la entrevista!

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