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domingo, 5 de septiembre de 2010

El Guante

El siguiente diálogo ocurrió en el jardín de las flores amarillas, en medio del Parque Nacional, donde los sobrevivientes de la guerra entre el ejército y las bandas del crimen organizado, iban a desahogarse.
Dolores y Esperanza lo visitaban frecuentemente. Socorrían con pañuelos a quienes lo necesitaban. Gustaban de caminar por los pasillos de arcilla y humedad. Se preguntaban por qué esa tierra sólo mantenía flores amarillas. Las rojas, las azules, las de orillas naranjas habían desaparecido. Y las amarillas a pesar de las balas, los pisotones de los que huyeron ensangrentados y los sollozos de los que quedaban vivos, permanecían ahí luminosas y de pétalos frescos. Concluyeron que las lágrimas que regaban los dolientes sobre la tierra, tenían el poder de conservarlas amarillas.
Ese día, Dolores, tuvo noticias del hombre de su vida. Escuchó su nombre por la radio y creyó conveniente contarle a Esperanza, su alma gemela. Sin sobresaltos reveló su historia al aire libre.
“El autor de la exposición Arte en Libertad, que hoy se inaugura, a las 8 de la noche, en el Museo Palacio, ganó el premio de la juventud el año pasado… y ni te imaginas quién es”.
“Ni idea”.
“Iremos a conocer su propuesta”.
“Qué flojera, mejor vamos al cine o al teatro. Pinche premio a cualquiera se lo dan. No me interesa la pintura de este pueblo, es un arte chafa... ¿Quién es el ¡artista!?”
“Vicente”
“¡Vicente Fernández! ¡Vicente Van Gogh! ”
“No tomas nada en serio, te anticipas a mis palabras, te crees adivina de mis pensamientos”.
“Hay cientos de Vicentes, los más famosos son Fernández y Van Gogh. Si no me das más referencias, ¿tengo la obligación de saberlo?”.
“De acuerdo. Te informo, alma gemela, que haré tangible a la conductora del programa Cartelera Cultural, sólo porque me interesa la historia del novel pintor Vicente Liszt”.
“¿Vicente Liszt pintor? ¿No estaba en la cárcel por venta de cocaína? El de los cabellos teñidos de amarillo y pupilentes marcianos...”
“El mismo, una víctima de la guerra. La chica de la radio nos reencontrará sin saberlo. Iré aunque no me acompañes, mala amiga”.
“Con más razón prefiero ir al teatro o al cine, o mejor aún, a mi casa a navegar en mi nueva computadora”.
“¿¡Otra!?”
“El arte plástico está muerto. La pintura en primer plano es aburrida. Lo de hoy es experimentar con el arte desde la realidad virtual, penetrar en los cuadros de Velázquez, Dalí o Max Ernst. Interactuar como testigos en las escenas de cine, con los actores y actrices de Casa Blanca o del Acorazado Potemkin, por ejemplo. Visitar los escenarios que tú creas. Te propongo que dejes esos eventos donde apesta a humanidad y vengas conmigo a probar mi nueva computadora. Navegaremos en el ciberespacio. Este libro te ayudará a comprender. Toma. El fin del mundo y un despiadado país de las maravillas de Murakami. Uno de los escritores más interesado por explorar los espacios ilusorios. Lo que haremos será como traspasar el espejo de Alicia y nos perderemos en los laberintos de Borges. Deberías leer más literatura contemporánea y dejar tus librillos de Corín Tellado y de elevar a un Scarface región 4 que se convirtió en artista”.
“No me interesa tu invitación. Vicente saldrá momentáneamente de la cárcel a inaugural su expo. Deseo estar ahí”.
“El hijo de puta que golpeó a mi amiga Leticia saldrá de prisión a exponer sus cuadritos”.
“Leticia se lo merecía. Querían que la trataran como hombre. Decía que estaba atrapado en el cuerpo de una mujer”.
“Me acuerdo que Leticia le bajó a la novia. Vicente, el sentido, le reclamó con su voz de pito. ‘¡Te crees hombre, machorra. Te voy a demostrar que eres vieja!’ Cobarde. La dejó marcada de por vida. Lo expulsaron de la escuela por esa agresión. No tenía amigos, era de sangre pesada. Conozco su historial porque te gustaba, pero nunca te peló. Agradece. Se movía por el principio de la avaricia. Hubieras sido infeliz”.
“Sólo una vez me paseó en su moto. La lluvia no permitió que me llevara hasta la casa. Nos refugiamos en una tienda de abarrotes. Se tomó una cerveza. Me ofreció una. Fue la primera vez que bebí alcohol. Hablamos de temas sin importancia. Él tenía los ojos irritados por los pupilentes. Me dieron ganas de darle un beso y curarlo, pero la timidez me detuvo. Dejó olvidado un guante en el mostrador y sin decir hasta luego se perdió en la lluvia”.
“Oliste ese guante días y noches. Cada vez que llovía tu llanto tenía la misma intensidad que la tormenta…”
“Le perdí la pista desde que lo metieron a la cárcel. Era temerario. Por eso me gustaba”.
“¿Hay algo que pueda hacer para impedir que vayas a la exposición?”.
“¿Tú crees?”.
Los medios de comunicación convocados por el programa radiofónico Cartelera Cultural cubrieron la nota. El reo Vicente Liszt salió momentáneamente del Cereso para inaugurar la exposición pictórica Arte en libertad. Las reseñas hablaron de un pincel sin prejuicios, movido por el más auténtico impulso creativo, sin maestros ni otras fuentes más que la emoción propia. El verde predominante de la pintura como símbolo de la libertad.
Dolores, ansiosa por reencontrarse con el amor ideal de su adolescencia y que la perseguía hasta la juventud, intentó acercarse a la conductora de radio. Cargaba en sus manos diminutas un ramito de flores amarillas que obsequiaría a Vicente Liszt. Los empujones la asfixiaban, todos querían abrazar al artista y tomarle fotos. Un reportero preguntó: “Vicente, ¿encontraste al amor de tu vida?”
“Estoy ansioso por salir y estar con ella todo el día. Nos amamos. Los cuadros que se venda serán para obtener recursos y llamarle por teléfono. Gracias a ella todo ha sido más fácil”.
“¿Qué sigue en tu carrera?”.
“Trabajo en piezas al óleo en blanco y negro. Quiero percibir el mundo como un daltónico monocromático”.
La conductora elevó una copa de vino y brindó por la felicidad que en ese momento los unía. El beso eterno de los amantes descargó a Dolores. Las flores se marchitaron y cayeron. Al huir de los aplausos, el griterío, el ruido de las cámaras, la música, los micrófonos viciados, Dolores se reventó en un grito que sólo ella escuchó. Sintió un golpe en el pecho. Regresó a su casa. Destruyó los radios, se sonó con el guante de Vicente Liszt y después de tirarlo a la basura le llamó a su amiga Esperanza.
“Vente a casa. Probemos con el visualizador de realidad virtual. Te sentirás mejor. Podemos crear el espacio que desees. Si quieres puedes tener sexo con el Vicente o viajar con él por la superficie de Marte. Nadie saldrá lastimado. Cuando te moleste algo en un abrir y cerrar de ojos desaparecerá el dolor o cambiarás de escenario”.
“Antes de ir contigo iré al parque a regar el jardín”.
“Te espero. Entonces”.

Brenda Margarita Macías Sánchez

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