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miércoles, 17 de octubre de 2007

Prohibido escribir

Hoy romperé las instrucciones para la ceguera porque no firmé papeles que avalen mi juramento. Olvidé la amenaza de domadores. Tú, mascota de la pubertad. Hoja de rayas. Estéril promesa de no verte, nada me detiene. El peligro late entre los dedos. La piel que cubre el placer espera curarse con manos milagrosas. Inevitable, la contención explota en mi cabeza. Estamos a unos minutos de recordarnos la felicidad y olvidarnos. Siente mi arteria aorta, arde en latidos intermitentes. Sólo por este momento, largo y cansado te guardaría en mi maleta y te llevaría al cerro. Durará nuestro encuentro lo que un reloj de arena en los juegos de azar.

Por suerte la tormenta tropical Erin se detuvo en Tamaulipas y desde allá lamenta la cita, la clase de inglés, el reflejo de su impotencia. Este cielo que no para de amenazarnos con su negrura. Tormenta que se vuelve a ver en el espejo con su coraje porque te vuelvo a abrazar entre gente desconocida que no leyó nuestra historia. La gota gorda de agua cayó en mi mano y tuve miedo que se detuviera el abrazo que te daré sin respirar.

A minutos de romper la regla, estoy. La lluvia tiene el poder de detener nuestro encuentro. Si se cae la nube en la ciudad, si ruge por naturaleza como yo de coraje, el tiempo se detiene y no podré tomar el té de tus ojos y Saraperos perderá por vocación.


Regreso a la rutina. Salgo del edificio de cristal. Mañana me lees como yo te corrijo, texto infiel. Infiel desde mi entraña. ¿Se cumplió? Así me gusta encontrarte, papel, pantalla, mancha de agua.

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